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Por: Siro del Castillo (English Version) El terreno de la base es semiárido y desértico, de mucho polvo, con un clima seco de muy poca lluvia anual y con temperaturas entre los ochenta y los noventa grados Fahrenheit. Los militares allí presentes se refieren a la cerca que separa la base del territorio cubano, como la “Cortina de Cactus”. La única agua potable en la base es la que se produce en la planta de desalinización que allí existe. En septiembre de 1981 la administración del Presidente Ronald Reagan, ante el influjo de refugiados haitianos que existía en esa época, estableció el programa de interceptar en alta mar a los refugiados para impedir que llegaran a las costas norteamericanas. Rompiéndose así la larga trayectoria histórica de este país de abrir sus puertas a los perseguidos y necesitados. La mayoría de los interceptados fueron regresados en contra de su voluntad a Haití y los menos llevados a la Base Naval de Guantánamo, dándole así una nueva función a la base, en lo que más tarde seria definida como la de “Refugio Seguro”. |
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El 13 de agosto de 1994, el Presidente de Cuba, Fidel Castro, ante el aumento de la salida ilegal marítima de los cubanos, anunció en un discurso, que a partir de ese momento se retirarían los guardas fronterizos de las costas cubanas y se permitiría marcharse del país a cualquier persona que así lo quisiera, provocando así la crisis mayor de balseros conocida en la historia de este continente. Ante esta situación la Administración del Presidente Clinton ordenó, el 19 de agosto, la intercepción de los refugiados cubanos en alta mar y el transladó de los mismos al “refugio seguro” en GITMO. En el período comprendido entre agosto y septiembre de 1994, un total de 32,362 ciudadanos cubanos fueron interceptados en alta mar y trasladados a Guantánamo por el Servicio de Guardacostas de los EE.UU. Con la presencia de los cubanos, el total de la población de refugiados en la base aumento a cerca de 50,000. A la llegada de los refugiados cubanos, los ya existentes campamentos para los haitianos estaban situados en el área del antiguo aeropuerto de McCalla, al este de la entrada de la bahía de Guantánamo, sobre la superficie de las abandonadas pistas de aterrizaje. Cada uno de los campamentos se encontraba rodeado completamente por varios de rollos de alambre de púas y de guardias militares cuidando el perímetro de los mismos. Los refugiados vivían en tiendas militares de lona, teniendo como piso la superficie del terreno y para dormir les facilitaron catres de aluminio del ejercito. Muy pocos campamentos tenían acceso a agua corriente, lo que limitaba extraordinariamente el aseo personal y sus necesidades personales las hacían en letrinas portátiles. La alimentación consistía principalmente, en los paquetes de comida ya preparadas que usa el ejército y que también son usadas por la Cruz Roja en caso de desastres. Las posibilidades de entretenimiento y de educación para los niños eran apenas inexistentes. Estas limitadas condiciones de vida, aumentadas por la frustración ante un futuro incierto que sentían los refugiados haitianos que allí se encontraban, dieron lugar a fuerte protestas e inclusive a revueltas por parte de los mismos. Esta situación empeora con la llegada, en menos de dos meses de mas de 30,000 refugiados cubanos que también se vieron obligados a vivir en estas condiciones. La infraestructura existente en la base, en el momento de llegar los refugiados haitianos y cubanos, era para 5,000 personas. El incremento de la población en cerca de 50,000 personas, en unos meses, le presentaba al Departamento de Defensa un extraordinario reto logístico y operacional. Para alojar a los cubanos, la Fuerza Conjunta de Trabajo-160, estableció más de 25 campamentos en otros sectores de la base, la mayoría en la zona cercana a la costa y en algunos casos en áreas cercanas a las viviendas de los militares que están asignados permanentemente a la base, obligando así al Departamento de Defensa a todos los familiares de los mismos hacia los EE.UU. por “razones de seguridad”, lo cual creó un fuerte malestar y resentimiento entre esta tropa contra los refugiados con serias consecuencias. En la mayoría de los casos los campamentos de los cubanos se establecieron en zonas bien áridas sobre un suelo polvoriento y/o rocoso, rodeadas también por cercas de alambre de púas y con las mismas condiciones de vida, alimentación, aseo, etc., de los haitianos. En octubre de 1994, el Departamento de Estado anuncia las medidas, que se habían comenzado a tomar y las que se tomarían en un futuro cercano para mejorar la calidad de vida de los haitianos y cubanos en el “refugio seguro” de Guantánamo y que reflejaban en gran medida la situación precaria que existía y que solamente se veía aliviada por las donaciones, de organizaciones no gubernamentales, principalmente religiosas y de la comunidad cubana en los Estados Unidos. Estas medidas anunciadas por el Departamento de Estado describen en muchos casos la situación existente. Aumento en el acceso a agua corriente en todos los campamentos haitianos y el 75% de los de los cubanos. Construir pisos de madera para todas las tiendas de campaña. Incrementar el ciclo de limpieza de las letrinas portátiles que había, una por cada 30 refugiados, de una vez cada dos días a todos los días. Aumentar el suministro de leche y mejoramiento de las comidas calientes que finalmente se habían comenzado a preparar y distribuir. Desarrollar el cuidado medico preventivo que venían dando primitivamente los médicos refugiados que se encontraban en los campamentos n dándole mayor facilidades y suministros. Abrir facilidades para las mujeres en estado y los niños recién nacidos. Comenzar un servicio regular de correo, hasta ese momento las posibilidades de comunicarse eran unas tarjetas de la Cruz Roja. Proveer teléfonos públicos en los campamentos para que los refugiados pudieran hacer llamadas de cobro revertido a sus familiares. Facilitar acceso al mundo exterior por medio de radios y periódicos, así como también permitir que los refugiados pudieran también hacer sus propios periódicos. Construir facilidades de recreación como lo fueron los campos de baloncesto. Para mediados de noviembre de 1994, la mayoría de los refugiados haitianos habían regresado a Haití, después de la invasión norteamericana y el regreso del Presidente Aristide. Solo el anuncio de la salida hacia los EE.UU., de los ancianos, enfermos y de los niños y sus familiares, y la implementación de estas salidas pudieron traer un poco de esperanza para los cubanos que allí quedaban. Esperanza que se vio culminada con el anuncio hecho por la Fiscal General de los EE.UU., Janet Reno, de que todos los refugiados cubanos que se encontraban en la base, con excepción de las personas con antecedentes penales, podrían viajar a los Estados Unidos. A finales de enero de 1996 el último refugiado cubano había abandonado el “refugio seguro,” cerrándose así una página gris en la historia de las inmigraciones a este país. La última época fue muy distinta a la inicial, los campamentos mejoraron, las tiendas de campaña se convirtieron en pequeñas cabañitas, cada campamento tenía su propia cocina, dispensario, salón de reunión y esparcimiento, duchas y baños con agua corriente constante, clases para adultos y lo que fue más importante, se eliminaron las alambradas de púas y se permitió la libertad de movimiento.
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